sábado, 30 de junio de 2012

Gris.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac... Puedo oír el reloj, y los latidos arrítmicos de mi corazón. Puedo sentir el picor en los ojos y las lágrimas mojando mis mejillas y precipitándose sobre mi -¿su?- camiseta, la de los Beatles.

Pero decido ignorarlo. Decido hablar conmigo misma y decirme que sólo hace falta tiempo, que los días buenos van a volver pronto. Y me creo. Sin hacerme preguntas. Acepto esas palabras de autoconsuelo como verdad absoluta y obligo a mis dedos a dejar de temblar y empezar a bailar sobre el teclado para comenzar a vaciarme de dolor.

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