jueves, 21 de junio de 2012

Carta a la mujer más guapa del mundo.

Ay, mamá, mamá... No sé cómo puedes seguir soportándome después de casi quince años. Te compadezco.

Primero, cuando nací. Toda esa atención que necesitaba... Aunque, bueno, bien mirado, creo que nunca dejé de necesitarla, pero empecé a buscarla en otras personas, para no agobiarte.

Después, cuando era una cría, en el cole. Con todos aquellos problemas para llevarme bien con la gente, y ese no querer ponerme nunca a hacer los deberes que te traía realmente de cabeza. Ciertamente, me parece que en eso tampoco he cambiado, aunque ahora, al revés que antes, te preocupa más lo primero que lo segundo.

Y es que eso es lo que tienes que aguantar ahora. Lo asocial que soy, y las pintas que llevo, a las que poco a poco te vas acostumbrando, aunque no lo entiendas y te preocupe en los mundillos que me pueda meter por ir así.

Bueno, eso y todos los días malos en los que me preguntas qué me pasa y yo sólo te contesto "cosas", y después te abrazo y lloro, y tú me consuelas, con esa forma especial que tenéis las madres, desde vuestra ingenua creencia de que hay algo mejor ahí fuera, esperando a ser descubierto.

Gracias por estar siempre ahí, mamá.

Gracias por estos quince años.


Con amor, B.

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