sábado, 16 de junio de 2012

Buenos días, princesa.

Está esa clase de personas terriblemente exigentes y pesimistas que dicen cosas como "¿Buenos días? Lo serían si me trajeran el desayuno a la cama." o " Serían buenos días si una rubia de metro setenta con una cien de sujetador me despertara comiéndome la polla".

Y luego está esa gente como yo, que se despierta sola, como se acostó, y sin embargo son buenos días. Puede que por una camiseta de los Beatles, porque han dormido bien, o sencillamente porque hoy no hay clase. Tal vez van a hablar con esa persona, o a conseguir un objeto del que llevan mucho tiempo detrás.

Nos despertamos en una cama vacía, nos hacemos el desayuno y nos ponemos a hacer nuestras cosas. Y realmente somos felices. Vivimos felices por esas cosas relativamente "pequeñas" que para nosotros son lo auténticamente importante. No necesitamos esas soplapolleces que te imponen las películas y la televisión. Sólo a gente que esté ahí.

Y yo tengo la grandísima suerte de tenerle a él.

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