Tic, tac, tic, tac, tic, tac... Puedo oír el reloj, y los latidos arrítmicos de mi corazón. Puedo sentir el picor en los ojos y las lágrimas mojando mis mejillas y precipitándose sobre mi -¿su?- camiseta, la de los Beatles.
Pero decido ignorarlo. Decido hablar conmigo misma y decirme que sólo hace falta tiempo, que los días buenos van a volver pronto. Y me creo. Sin hacerme preguntas. Acepto esas palabras de autoconsuelo como verdad absoluta y obligo a mis dedos a dejar de temblar y empezar a bailar sobre el teclado para comenzar a vaciarme de dolor.
Pasa, pasa. Por favor, ponte cómodo. Disfruta de esta sucesión de palabras, tantas veces inconexas, pero nunca vacías, y si lo encuentras oportuno, qué demonios, deja un comentario.
sábado, 30 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
Carta a la mujer más guapa del mundo.
Ay, mamá, mamá... No sé cómo puedes seguir soportándome después de casi quince años. Te compadezco.
Primero, cuando nací. Toda esa atención que necesitaba... Aunque, bueno, bien mirado, creo que nunca dejé de necesitarla, pero empecé a buscarla en otras personas, para no agobiarte.
Después, cuando era una cría, en el cole. Con todos aquellos problemas para llevarme bien con la gente, y ese no querer ponerme nunca a hacer los deberes que te traía realmente de cabeza. Ciertamente, me parece que en eso tampoco he cambiado, aunque ahora, al revés que antes, te preocupa más lo primero que lo segundo.
Y es que eso es lo que tienes que aguantar ahora. Lo asocial que soy, y las pintas que llevo, a las que poco a poco te vas acostumbrando, aunque no lo entiendas y te preocupe en los mundillos que me pueda meter por ir así.
Bueno, eso y todos los días malos en los que me preguntas qué me pasa y yo sólo te contesto "cosas", y después te abrazo y lloro, y tú me consuelas, con esa forma especial que tenéis las madres, desde vuestra ingenua creencia de que hay algo mejor ahí fuera, esperando a ser descubierto.
Gracias por estar siempre ahí, mamá.
Gracias por estos quince años.
Con amor, B.
Primero, cuando nací. Toda esa atención que necesitaba... Aunque, bueno, bien mirado, creo que nunca dejé de necesitarla, pero empecé a buscarla en otras personas, para no agobiarte.
Después, cuando era una cría, en el cole. Con todos aquellos problemas para llevarme bien con la gente, y ese no querer ponerme nunca a hacer los deberes que te traía realmente de cabeza. Ciertamente, me parece que en eso tampoco he cambiado, aunque ahora, al revés que antes, te preocupa más lo primero que lo segundo.
Y es que eso es lo que tienes que aguantar ahora. Lo asocial que soy, y las pintas que llevo, a las que poco a poco te vas acostumbrando, aunque no lo entiendas y te preocupe en los mundillos que me pueda meter por ir así.
Bueno, eso y todos los días malos en los que me preguntas qué me pasa y yo sólo te contesto "cosas", y después te abrazo y lloro, y tú me consuelas, con esa forma especial que tenéis las madres, desde vuestra ingenua creencia de que hay algo mejor ahí fuera, esperando a ser descubierto.
Gracias por estar siempre ahí, mamá.
Gracias por estos quince años.
Con amor, B.
sábado, 16 de junio de 2012
Buenos días, princesa.
Está esa clase de personas terriblemente exigentes y pesimistas que dicen cosas como "¿Buenos días? Lo serían si me trajeran el desayuno a la cama." o " Serían buenos días si una rubia de metro setenta con una cien de sujetador me despertara comiéndome la polla".
Y luego está esa gente como yo, que se despierta sola, como se acostó, y sin embargo son buenos días. Puede que por una camiseta de los Beatles, porque han dormido bien, o sencillamente porque hoy no hay clase. Tal vez van a hablar con esa persona, o a conseguir un objeto del que llevan mucho tiempo detrás.
Nos despertamos en una cama vacía, nos hacemos el desayuno y nos ponemos a hacer nuestras cosas. Y realmente somos felices. Vivimos felices por esas cosas relativamente "pequeñas" que para nosotros son lo auténticamente importante. No necesitamos esas soplapolleces que te imponen las películas y la televisión. Sólo a gente que esté ahí.
Y yo tengo la grandísima suerte de tenerle a él.
Y luego está esa gente como yo, que se despierta sola, como se acostó, y sin embargo son buenos días. Puede que por una camiseta de los Beatles, porque han dormido bien, o sencillamente porque hoy no hay clase. Tal vez van a hablar con esa persona, o a conseguir un objeto del que llevan mucho tiempo detrás.
Nos despertamos en una cama vacía, nos hacemos el desayuno y nos ponemos a hacer nuestras cosas. Y realmente somos felices. Vivimos felices por esas cosas relativamente "pequeñas" que para nosotros son lo auténticamente importante. No necesitamos esas soplapolleces que te imponen las películas y la televisión. Sólo a gente que esté ahí.
Y yo tengo la grandísima suerte de tenerle a él.
miércoles, 13 de junio de 2012
Simple.
No soy una persona sencilla, pero sí de gustos sencillos.
Un café con leche por las mañanas. Un trozo de pan, puede que con un par de onzas de chocolate con almendras, después de comer. Una infusión de manzanilla con miel y limón cuando esté triste, o malita.
Remolonear media hora en la cama antes de levantarme. Llegar a casa y ponerme a cantar mientras termino de preparar mi comida. Dejarme caer sobre la silla de mi escritorio, encender el portátil y que él esté conectado.
Que me despierte con un mensaje en WhatsApp. Que me explique algo de lo que yo no entiendo. Que me ayude con un videojuego. Que se ofrezca a descargarme algo que yo no puedo. Que pare de jugar a algo para contestarme.
Que me mire. Que me sonría. Que me abrace.
Que me vuelva loca sin pretenderlo.
Un café con leche por las mañanas. Un trozo de pan, puede que con un par de onzas de chocolate con almendras, después de comer. Una infusión de manzanilla con miel y limón cuando esté triste, o malita.
Remolonear media hora en la cama antes de levantarme. Llegar a casa y ponerme a cantar mientras termino de preparar mi comida. Dejarme caer sobre la silla de mi escritorio, encender el portátil y que él esté conectado.
Que me despierte con un mensaje en WhatsApp. Que me explique algo de lo que yo no entiendo. Que me ayude con un videojuego. Que se ofrezca a descargarme algo que yo no puedo. Que pare de jugar a algo para contestarme.
Que me mire. Que me sonría. Que me abrace.
Que me vuelva loca sin pretenderlo.
sábado, 2 de junio de 2012
Shit.
La culpa de todo la tienen las películas románticas.
Yo me esperaba que el amor fuera así, ser el mundo para la otra persona. Me esperaba ser lo más importante para él. Que estuviera dispuesto a darlo todo por mí, como Jack por Rose. Discusiones como las de Ali y Noah. Reconciliaciones como las de Gerry y Holly.
¿Y sabéis qué? Que el amor no es así. El amor es esforzarse, es hacerse daño y saber perdonarse. El amor es tomarse los fallos del otro con filosofía. El amor es ponerse en el lugar de la otra persona para mirar las cosas desde su punto de vista. El amor es dejar el volumen del móvil puesto mientras duermes por si te manda un mensaje. El amor es ese brillo en los ojos al mirarle, y en los suyos cuando lee la última gran parrafada que le dejaste escrita en alguna parte. Es darte cuenta de una mentira, sonreír, y después dejarle planchado con un "así que... no tenías un boli de tinta no-líquida, ¿verdad?" mientras lo está usando para dibujarte algo en la mano, reírte y decirle "idiota" con voz suave, en ese preciso instante en el que tiene miedo de que te hayas enfadado.
Pero podéis creerme cuando os digo que no cambiaría nada de eso por un Jack Dawson, un Noah Calhoun, o un Gerry Kennedy.
Porque él es mucho más perfecto que ellos. Mucho más perfecto para mí. El primero a quien he besado con los ojos cerrados y la mente en blanco.
Yo me esperaba que el amor fuera así, ser el mundo para la otra persona. Me esperaba ser lo más importante para él. Que estuviera dispuesto a darlo todo por mí, como Jack por Rose. Discusiones como las de Ali y Noah. Reconciliaciones como las de Gerry y Holly.
¿Y sabéis qué? Que el amor no es así. El amor es esforzarse, es hacerse daño y saber perdonarse. El amor es tomarse los fallos del otro con filosofía. El amor es ponerse en el lugar de la otra persona para mirar las cosas desde su punto de vista. El amor es dejar el volumen del móvil puesto mientras duermes por si te manda un mensaje. El amor es ese brillo en los ojos al mirarle, y en los suyos cuando lee la última gran parrafada que le dejaste escrita en alguna parte. Es darte cuenta de una mentira, sonreír, y después dejarle planchado con un "así que... no tenías un boli de tinta no-líquida, ¿verdad?" mientras lo está usando para dibujarte algo en la mano, reírte y decirle "idiota" con voz suave, en ese preciso instante en el que tiene miedo de que te hayas enfadado.
Pero podéis creerme cuando os digo que no cambiaría nada de eso por un Jack Dawson, un Noah Calhoun, o un Gerry Kennedy.
Porque él es mucho más perfecto que ellos. Mucho más perfecto para mí. El primero a quien he besado con los ojos cerrados y la mente en blanco.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)