Y entonces llegaste
desde los primeros rayos de sol de primavera,
cuando el frío del invierno se resistía a marchar.
Y me llevaste
de nuevo a esos días sin preocupaciones,
bajo ese árbol donde estábamos sentadas.
Teletransportada
a ese lugar donde no existía el tiempo,
allí donde jamás nos atrevimos a gritar.
¿Recuerdas?
Queríamos montar un grupo,
aunque no sabíamos tocar.