¿Y qué le voy a hacer si he perdido el Norte? Si soy un grito ahogado de desesperación, si la sangre brota de mis labios desgarrados a causa de la presión, si mis ojos encendidos suplican por una pausa en este drama eterno de lamentos en vano por causas que sólo duelen y son conocidas en el interior de mi pecho.
¿Qué ocurre? ¿A caso es tan complicado el mero hecho de comprender que pueden dolerme más esas espaldas frente a mí constantemente que la muerte? Egocentrismo quizá sea la respuesta a esa pregunta muda que te haces. La gente al rededor del mundo deja de respirar y, sinceramente, no me importa. Sólo me escuece, angustia y destroza la soledad. La mía.
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