Leer Heavier Than Heaven resulta un tanto entristecedor. Te das cuenta de lo genial que era desde pequeño, y te fijas en que lo único que teníais en común era la falta de miedo a los animales relativamente peligrosos y la sensibilidad respecto a las necesidades y el dolor de los demás. Nunca dibujaste tan bien. Nunca tocaste ninguna melodía de oído. Nunca resultaste fascinante a nadie.
Luego encuentras otras similitudes. Esconderte en tu propia casa. La seguridad que te reportan los espacios pequeños. Intentar agradar a papá. El tic nervioso. Permanecer sentado en silencio durante horas enteras, sin necesidad de cruzar dos palabras con nadie.
Vas viendo cómo cambia, se vuelve antisocial e incomprendido. Te identificas.
Hasta que llegas a un punto en el que no tienes la certeza de querer ser como él.
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