jueves, 29 de diciembre de 2011

Tecnologías

Mientras el frío me invadía inexplicable e inexorablemente estando tirada en el sofá, me dispuse a filosofear. Sin embargo, en ese momento empezó un viejo especial de Navidad de los Simpsons y mis intenciones se vieron truncadas. Eso me dio qué pensar al llegar los anuncios. ¿Hasta qué punto nos absorben las tecnologías?

Cada vez que nos apalancamos en el sofá ante la llamada caja tonta, nos olvidamos de todo lo demás. "B., haz esto; B., ayúdame un momento." "Ahora, mamá, en los anuncios; enseguida, mamá, en cuanto acabe esto." Pero todos sabemos que el artefacto nos absorbe, y al acabar lo que estamos viendo zappeamos inconscientemente en busca de algo más que ver. Y así la vida se nos escurre entre los dedos.

Pero por si fuera poco, tenemos los smartphones. Veinticuatro horas al día, siete días a la semana, estamos pendientes del pitido de ese dichoso aparatejo. Tenemos la necesidad de estar en contacto en todo momento con nuestros seres queridos -y no tan queridos-.

¿Cual ha sido mi conclusión? Tememos a la soledad inconmensurablemente. Cuando el cacharrito no da señales de vida, nos lanzamos a los brazos de la televisión para olvidar nuestra triste vida.

Y de ahí, a Twitter.

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