martes, 6 de enero de 2015

Ohana.

Yo he tratado a muchas personas como si fueran mi familia. Les he brindado mi apoyo en los días malos y mi compañía en los días buenos. Me he ocupado de buscar las mejores palabras para decirles cada cosa. He mirado por su bien antes que por el mío.

Familia es quien, cuando llevas un día de perros y no tienes a quién llamar, te pregunta si quieres un chocolate con churros. Familia es quien te ve hundida y, sabiendo que no hay forma de ayudar, inventa un nuevo plato para ti. Familia es quien siempre quiere que seas feliz. Familia es quien jamás te olvida. Familia es quien se preocupa por saber cómo estás.

Familia significa que estaremos juntos siempre, y que nunca te abandonarán.


Pero, muchas veces, olvidamos lo que eso quiere decir.

La familia no es siempre de nuestra sangre, y no todos los de nuestra sangre son nuestra familia, por desgracia. Sólo podemos rogar por tener suerte y que las personas que queremos estén a la altura de aquello que les estamos dando.

No nos merecen si no nos valoran. Pero también hay que tener en cuenta que nosotros tenemos que aprender a ser pacientes y a ver más allá, porque las cosas no siempre son lo que parecen.

La familia de verdad intenta ayudarnos a sacar la mejor versión de nosotros mismos, a brillar más de lo que alguna vez creímos que era posible. A veces no nos entendemos. A veces no nos aguantamos. A veces nos hacemos daño. Pero mientras recordemos lo que significa ser familia, todo irá bien.

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