Las cosas ocurren. O no lo hacen. Pero no le importa. El dragón sigue mirando al Doctor, intentado seguir el ritmo de sus pensamientos, sobrepasándolo en ocasiones, y quedándose atrás muchas veces, aunque cada vez menos.
El tiempo pasa, pero el dragón está demasiado ocupado pensando como un señor del tiempo.
Y en instantes fugaces, se pregunta cuánto de bueno es eso.
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